En la línea de este blog, la luz artificial y la contaminación han ido de la mano. Ese lado oscuro va desde la destilación del gas de hulla hasta el anegado de hogares o la quema de millones de toneladas de combustibles fósiles para generar electricidad. Pero si hay una fuente de energía cuyo dominio escapa del control de la mano humana es la nuclear.
En Chernobyl fue un fallo humano, en Japón un terremoto, mañana un ataque terrorista y pasado un objetivo militar. De Chernobyl se desprendieron muchas lecciones magistrales que parecen haberse disipado. Repasando las crónicas de aquel desastre, cuyas consecuencias aún se sufren, destaca la capacidad humana para el heroísmo, el sacrificio de la propia vida para salvar a la comunidad y también que la energía nuclear es superior a lo que el ser humano puede dominar.
En estos días, cuando la energía nuclear vuelve a mostrar su obvia peligrosidad, salen los retractores irreflexivos y los defensores acérrimos. Por supuesto que necesitamos energía, aunque probablemente menos de la que utilizamos, sin embargo, hay una corriente económica que potencia las burbujas y la burbuja nuclear cuando estalla no provoca solo una crisis económica.

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